martes, 12 de febrero de 2013

See you soon, Sacramento

No me suelen gustar las despedidas. Mucho menos si se trata de dejar atrás algo que te ha marcado, con lo que has reído, disfrutado, vibrado, y por qué no decirlo, también sufrido. El pasado mes de Enero, la ESPN publicaba que los Sacramento Kings dejaban la NBA rumbo a Seattle, acabando con una etapa gloriosa de baloncesto.

Reconozco que me aficioné definitivamente a la NBA con la llegada de Pau Gasol a la liga. Antes solo seguía los coletazos de Bird, Magic o Jordan, y veía los highlights con jugones como un descarado Jason Williams, o los spots publicitarios como el de los cereales de Hakeem Olajuwon. En esa época, uno de los equipos emergentes eran los Sacramento Kings. A pesar de la salida de Jason Williams y con la llegada de Bibby, Sacramento conformó un quinteto mítico que todo el mundo se conocía de carrerilla: Bibby - Christie - Stojakovic - Webber - Divac. Con la marcha de "chocolate blanco" los Kings perdieron parte de su magia, pero ganaron en consistencia. Un equipo con grandes individualidades en el que, por encima de todo, premiaba el baloncesto colectivo.


Los Sacramento Kings llenaron muchas portadas con su juego


El juego fluido de Rick Adelman con grandes anotaciones y transiciones rápidas y la generosidad del "extra pass" en el equipo pronto captaron mi atención, igual que la de muchos otros adeptos. Un equipo de California que, pese a pertenecer a la capital, tenía que competir con los verdaderos ricos del Estado, Los Ángeles Lakers. La cultura de esfuerzo y compromiso que premiaba en el conjunto hizo que la unión con la grada fuese máxima, convirtiendo al Arco Arena en una de las pistas más temidas (y ruidosas) de toda la NBA.

El quinteto contaba con Mike Bibby como base referente, más anotador que director, Doug Christie como incansable defensor y jugador sacrificado, Pedrag Stojakovic como certero tirador, Vlade Divac como un center con una visión de juego espectacular y un Chris Webber como estrella en todo su esplendor, poniendo de moda la figura del "point forward". Un quintento siempre bien acompañado por sextos hombres que podrían haber sido titulares en muchos equipos como Bobby Jackson, Corliss Williamson, John Salmons o Brad Miller.


El fatídico tiro de Robert Horry siempre será recordado


Pero el exquisito baloncesto de Sacramento se topó con dos impedimentos durante su esplendor, que le terminaron costando el anillo. El primero de ellos, las lesiones en Playoffs, sobre todo de Chris Webber, donde Stojakovic nunca supo liderar al equipo. El segundo, cruzarse con el oportunismo de "el señor de los anillos", también conocido como Robert Horry, y sus lanzamientos letales. ¿Qué aficionado no se acuerda del famoso "big shot Rob"? Aquel sexto partido en la eliminatoria contra Los Ángeles Lakers dio al traste con los sueños de los Kings.

A partir de aquel año, el equipo se fue desmembrando poco a poco. La marcha más dolorosa para los aficionados fue la de Chris Webber, enviado a Philadelphia por un paquete de jugadores sobrepagados y con pocos años de contrato como Kenny Thomas. Fue el principio del fin. Las decisiones de los Maloof, cada vez más criticadas, llevaron a la franquicia rumbo al ostracismo. Ni siquiera las últimas elecciones del Draft en buenas posiciones (Spencer Hawes, Tyreke Evans, Demarcus Cousins, Jimmer Fredette, Isaiah Thomas o Thomas Robinson), que formaban un nuevo bloque de talento, han logrado sacar a los Kings de la tierra de nadie a la que se han visto abogados las últimas temporadas. Una franquicia sin objetivos y a la sombra de los Lakers no es rentable. Eso han debido pensar los hermanos Maloof. De ahí, que tras los multitudinarios rumores de mudanza en los últimos años (sobre todo a Las Vegas), el equipo ponga rumbo a Seattle.


Evans, Cousins y Fredette jugarán en Seattle


¿Y por qué Seattle? Bueno, principalmente gracias a la insistencia de un grupo empresarial comandado por Christopher Hansen, un adinerado magnate de San Francisco afincado en Seattle que pretende construir un nuevo pabellón, y Steve Ballmer, CEO de Microsoft. Previa aprobación de la NBA, la ciudad del estado de Washington volverá a acoger baloncesto bajo la esencia de los Kings, aunque podrán recuperar su nombre de Supersonics, puesto que los dueños de la patente, los Oklahoma City Thunders, no opondrán ningún impedimento. La cifra estimada de la venta se sitúa en torno a los 525 millones de dólares, y pese a la oposición del alcalde de Sacramento, el ex jugador Kevin Johnson, el movimiento parece sino oficial, sí oficioso.

He leído muchas opiniones al respecto. Algunos como Antoni Daimiel, periodista al que admiro,  dicen que la historia de Sacramento no acaba, sino que continúa. Pese a que la franquicia vuelva a recibir el nombre de Supersonics con la mudanza a Seattle , seguiría siendo en base los Kings, sin tener nada que ver con los antiguos Sonics de Payton y Kemp. Y a pesar de que los Sacramento Kings es una de las franquicias que más veces se ha mudado en la liga (Rochester, Cincinnati, Kansas City), es imposible no sentir el fin de una época dorada que quizás, ya acabó hace tiempo.




El "BEAT L.A." seguirá resonando, aunque tendrá que hacerlo desde Seattle. A partir de ahora, los nuevos Sonics tendrán el corazón de la capital de California apoyando, con un doble sentimiento de alegría y tristeza. Alegría por la vuelta de una gran ciudad al panorama del baloncesto de primer nivel. Tristeza por la marcha de un equipo que, a algunos como el que escribe, les hizo entender todo lo que se podía disfrutar con este deporte.

Rubén
@MilanGurovic

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